Crónica de viaje - Senegal 2025 - Birding trip report

05 marzo 2025 - Viajes - Comentario -

23 de enero - 3 de febrero 2025

¿Por qué Senegal?

Situado en la franja occidental de África, Senegal es un país de contrastes donde el desierto del Sahel se funde con humedales exuberantes y bosques tropicales. Esta diversidad de ecosistemas convierte a Senegal en un destino privilegiado para los observadores de aves y fotógrafos de naturaleza. Con más de 600 especies registradas, el país es un verdadero santuario ornitológico, especialmente en invierno, cuando miles de aves migratorias europeas encuentran refugio en sus parques y reservas.

La galería fotográfica del viaje que se describe en esta crónica está disponible simplemente haciendo click en el botón inferior.

De igual modo, todo el itinerario y las listas completas de las aves observadas pueden ser consultadas en el portal eBird, concretamente en el siguiente enlace.

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Tortolita rabilarga (Oena capensis)

Integrantes

Este viaje a África subsahariana, con gran presencia de GOSUR, estuvo formado por Jesús Fernández, Alberto Plata, Antonio Aguilera, Jaime Manrique y un servidor.

  Logística e itinerario                                                                                        

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Azulito carirrojo (Uraeginthus bengalus)

- Vuelos con Iberia: Sevilla-Madrid-Dakar y viceversa.

- Conductor local.

- Vacunación: Fiebre amarilla, fiebre tifoidea, hepatitis y profilaxis contra la malaria.

- Agua: No potable. Beber siempre embotellada.

- 23/01: Llegada a Senegal de noche
- 24/01: Bandia (Baobabs) - Les Trois Marigots - Lampsar Lodge
- 25/01: Podor - Richard Toll
- 26/01: PN Djoudj - Les Trois Marigots
- 27/01: Les Trois Marigots - Fatick
- 28/01: Kousmar - Campement du Lion (PN Niokolo Koba)
- 29/01: Campement du Lion - Campement de Wassadou
- 30/01: Campement de Wassadou
- 31/01: Campement de Wassadou
- 01/02: Campement de Wassadou - Toubakouta
- 02/02: Toubakouta - Aeropuerto
- 03/02: Llegada a Sevilla

Especies objetivo

Como todo en la vida, las especies objetivo en un viaje van por gustos. Hay quien prefiere solamente los bimbos (especies que ve por primera vez en la vida), hay quien prefiere las más raras, las más difíciles o simplemente las de mayor belleza. Sea como fuere, en mi listado mental de especies que deseaba ver y fotografiar se encontraban los distintos alciones, martines pescadores y abejarucos que se pueden observar en el país. Por supuesto también se encontraban en mi lista de imprescindibles el pluvial, el elanio golondrina, el cálao terrestre o el alcaraván de El Cabo.

Equipo

- Canon R7

- Canon EF 500 mm f/4 L IS

- Canon Extender EF 1.4x III

Crónica del viaje

23 de enero El viaje partió a las 15:10 desde Sevilla -previo imprevisto en forma de hora y media de retraso- donde cogimos el primer vuelo hasta el madrileño aeropuerto de Adolfo Suárez Madrid-Barajas. En apenas 45 minutos estábamos en la T4, donde deberíamos movernos hasta la T4S, la terminal de vuelos internacionales. Tras pasar el correspondiente control de pasaportes, coger el metro interno que nos llevaba hasta ella y comer algo a toda prisa, nos embarcamos en el siguiente y último vuelo, que esta vez nos llevaría directamente al aeropuerto internacional Blaise Diagne, en Thiès, cerca de Dakar.

Tras estampar el sello senegalés en mi recién renovado pasaporte, recoger el equipaje y cambiar a francos una buena suma de euros -algo que es totalmente obligatorio en este país, ya que es casi imposible encontrar sitios donde se pueda pagar con tarjeta-, salimos al parking, donde nos estaba esperando nuestro conductor local, Arona, con el vehículo que nos acompañaría durante los siguientes 3.000 kilómetros de aventura: una Hyundai H1 de siete plazas con sus ligeras taras fruto del paso del tiempo, pero que prácticamente resultaba un lujo en el país. Apenas media hora después estábamos en Baobab Soleil, donde habríamos de pasar la primera noche. Sin tiempo para mucho más que descargar el equipaje, pusimos la alarma para la mañana siguiente y cerramos las mosquiteras para descansar lo mejor que se pudiera.

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Toco piquirrojo (Tockus erythrorhynchus)

24 de enero No había tan siquiera clareado un poco cuando ya algunos de nosotros estábamos fuera de la habitación, prismáticos y cámara en mano. La primera especie de la mañana y, por tanto, también de nuestro periplo senegalés, fue el toco piquirrojo, especie popularizada recientemente por la saga hiperrealista del Rey León de Disney y que, como pudimos comprobar en los días posteriores, nos acompañaría durante todo el viaje. En apenas un par de horas pajareando por el jardín del establecimiento y por las parcelas colindantes, densamente pobladas de baobabs, pudimos darnos cuenta de lo que nos esperaba de ahora en adelante: alcotán cuellirrojo, alzacola negro, barbudo sangrante, tres especies de estorninos y una avefría coletuda en un pequeño descampado, entre otras especies. Toda una explosión de colores y formas. Tras un breve y reponedor desayuno después del ajetreado día de viaje, nos dirigimos al norte, en dirección a la zona del Sahel.


Fueron varias las horas de carretera, en las que nos fuimos sumergiendo poco a poco en la cultura y la idiosincrasia senegalesa, país de contrastes en el que el desarrollo y los lujos escasean, apenas dejándose entrever en la factura de las mezquitas. Según nos acercábamos al norte, la religión musulmana se hacía cada vez más presente, de la misma manera que el paisaje se tornaba más árido y las acacias se iban convirtiendo en casi la única especie vegetal de cierto porte. A lo largo de toda la N2 no dejamos de atravesar poblados y zonas humanizadas que, al igual que el paisaje, de manera gradual se volvían más precarios y austeros, pasando de las chabolas metálicas a simples poblados compuestos de chozas de adobe y techo de paja. Con estas, llegamos al PN Langue de Barbarie, donde hicimos una breve parada en el Zebrabar para observar la extensa barra arenosa de unos 30 km que conecta con Saint-Louis y que separa el río Senegal del océano Atlántico. A pesar del fuerte viento, pudimos observar un buen puñado de águilas pescadoras invernantes, charranes reales y varias especies de limícolas. Tras atravesar por primera vez la ciudad de Saint-Louis, nos dirigimos al Lampsar Lodge, un alojamiento establecido a orillas del río Lampsar y que sería nuestra base para las próximas tres noches. Cerveza en mano y repelente de mosquitos en piel, disfrutamos de un bonito atardecer en la terraza que el establecimiento tiene en el río y observamos los primeros martines pescadores píos y jacanas africanas del viaje antes de la cena.

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Poblados en el Sahel senegalés.

25 de enero A la mañana siguiente nos esperaba otro tirón de varias horas a primera hora para visitar la zona de Podor y Diatar track, donde nuestro gran objetivo era observar el chotacabras dorado y el alcaraván de El Cabo. Al salir aun de noche del alojamiento, nos tropezamos con varios chotacabras rabudos en el propio carril de acceso. Una maravilla verlos volar con ese vuelo de mariposa y sus tan características rectrices. 

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Chotacabras rabudo (Caprimulgus climacurus)

Ya en el área de Podor-Diatar y, tras una intensa búsqueda a pie por la zona donde suele observarse algún chotacabras dorado durmiendo a la sombra de los arbustos en los que pastan las cabras, no conseguimos el tan ansiado objetivo y tuvimos que seguir nuestro camino hacia Richard Toll. Allí sí conseguimos ver sin demasiada dificultad el alcaraván de El Cabo, además de dar un agradable paseo por la zona este cercana a la ciudad, donde su ecotono nos permitió disfrutar de un buen rato de pajareo hasta el atardecer con el abejaruco esmeralda africano o el alción estriado como algunas de las especies destacadas.

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Alcaraván de El Cabo (Burhinus capensis)

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Abejaruco esmeralda africano (Merops viridissimus)

26 de enero Este día nos esperaba uno de los platos fuertes del viaje, con el PN du Djoudj en el horizonte. Las condiciones no fueron las mejores, ya que en la llanura del Grand Lac el viento aumentaba por momentos, llegando a formar algunos remolinos de arena, preludio de pequeñas tormentas, que dificultaban la observación en la zona y generaban una calima incómoda.

A pesar de todo, desde el camino de entrada al parque hasta llegar al propio Grand Lac, pudimos observar y fotografiar monos rojos, facóqueros o chacal común, además de grulla coronada cuellinegra, culebrera sombría o tarabilla africana. Nos fue esquiva, sin embargo, la avutarda árabe.

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Mono rojo (Erythrocebus patas)

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Facóquero africano (Phacochoerus africanus)

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Chacal común (Canis aureus)

Pasamos por recepción, donde pagamos la entrada al parque. Ya en el Grand Lac, fue impresionante sumergirse en la -literalmente- incontable cantidad de aviones zapadores allí presente. Era la definición perfecta de cuartel de invernada, ese concepto que siempre hemos visto en las guías o imaginado cuando hablamos de las migrantes subsaharianas.

Miles de suirirís cariblancos y bicolores se mezclaban con ánades rabudos, cercetas carretonas, flamencos comunes y enanos y una buena variedad de limícolas, entre los que destacaban algunos chorlitejos pecuarios y archibebes finos.

De ahí nos dirigimos a la colonia de pelícanos, un paseo en barca -incluido con la entrada al parque- de aproximadamente una hora y media de duración. La experiencia, ya os lo anticipo, es algo inolvidable. Desde el primer momento estás rodeado de pelícanos nadando o que directamente te pasan volando a ras de agua a escasos metros de la embarcación. Pero eso no es más que el principio...

Durante todo el trayecto no paramos de expresar cuánto estábamos disfrutando la navegación. Y es que alternamos momentos de gran cercanía a las aves con observaciones de gran valor, como un pequeño bandito de gansitos africanos entre nenúfares o tener los pigargos vocingleros tan cerca que apenas cabían en el encuadre de mi cámara. Otras especies con las que disfrutamos en gran manera fueron los tántalos africanos, ibis sagrados, anhingas africanas, cormoranes africanos o un postrero bandito de espátulas africanas.

Pero con todo, lo más impactante fue llegar a la colonia de pelícanos, destino final de nuestro recorrido antes de tomar el camino de vuelta. Resulta impactante para los sentidos. Visualmente es un espectáculo ver a esa enorme cantidad de aves de tal porte compartiendo un mismo espacio, interactuando, volando, sacudiéndose el plumaje y el agua... El olor a pescado podrido es penetrante, como suele pasar en colonias de aves piscívoras. El sonido complementa la experiencia. Y es que una colonia de miles de pelícanos, anhingas, ardeidas y cormoranes no hace poco ruido precisamente.

Aunque a priori pensamos que el paseo en barco sería menos impactante que la experiencia del Grand Lac, para mí fue incluso al contrario, quizá condicionado por las expectativas previas y por las condiciones adversas en un sitio y favorables en el otro.

Con una sonrisa en la cara, nos bajamos del barco, compramos agua fría a una chica que allí mismo la vendía y nos dirigimos de nuevo a la zona del campamento de la entrada del parque, donde comeríamos, nos tomaríamos un café y seguiríamos nuestro camino.

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Pelícano común (Pelecanus onocrotalus)

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Pigargo vocinglero (Haliaeetus vocifer)

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Pelícano común (Pelecanus onocrotalus)

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Pelícano común (Pelecanus onocrotalus)

La tarde la pasamos en Les Trois Marigots, una zona de marismas entre cultivos al este de Saint-Louis, con el foco puesto principalmente en localizar alguna jacana chica o alguna esteparia que pudiera acercarse a beber.

Pronto descubrimos que aquel punto sería más fructífero en horario de mañana, debido a la orientación del sol, que en los diversos puntos que paramos siempre nos pilló de cara creando un complicado contraluz para la observación. He de decir que me sorprendió gratamente la práctica ausencia de mosquitos al atardecer en este hábitat.

De aquí salimos ya casi de noche, con alguna observación de chotacabras rabudo por los caminos arenosos, que incluso nos obligaron en una ocasión a bajarnos del coche y empujarlo para poder continuar la marcha.

Esa misma noche, Arona nos comunicó que no podía continuar con nosotros el viaje pero que lo haría el propietario del vehículo en el que estábamos moviéndonos, Moussa. Senegal es especial, todo va a otro ritmo. Si habéis visitado el país sabréis de lo que hablo y si no lo habéis hecho pero tenéis pensado hacerlo, tenedlo en cuenta. Eso sí, al final todo se arregla de una manera u otra. La gente en Senegal es muy amable, predispuesta y resolutiva, pero la vida simplemente va a otro ritmo.

27 de enero A la mañana siguiente volvimos a Les Trois Marigots, esta vez con más tiempo y con mejor luz. La mañana resultó en un agradable paseo en el que tuvimos buenas observaciones de abejaruco chico, chorlitejo pecuario, pigargo vocinglero o polluela negra africana entre otras especies.

Después de la mañana de pajareo, nos acercamos a Saint-Louis, para hacer una pequeña visita cultural. Cruzamos el puente Faidherbe, una icónica obra de ingeniería con una historia llena de curiosidades. Aunque se cree erróneamente que fue diseñado por Gustave Eiffel, en realidad es obra del ingeniero Jean Résal. Fue inaugurado en 1897 y cuenta con una sección central giratoria que permitía el paso de embarcaciones. Ha sido reconstruido varias veces, con una renovación completa entre 2008 y 2011, y es un símbolo de la ciudad,  además de formar parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2000. Nada más cruzarlo y entrar en la isla de Saint-Louis nos tropezamos con el mítico Hotel de la Poste, establecimiento que hoy en día se conserva tal y como siempre fue y que guarda una estrecha relación con la obra El Principito y su autor, Antoine de Saint-Exupéry. Ya sumergidos en la isla de Saint-Louis, corazón de la ciudad y que hoy acoge el barrio pesquero, el bullicio iba en aumento. En nuestro paseo hacia el puerto pesquero pudimos contemplar estampas muy singulares, como las chabolas de chapa a pie del río Senegal que servían tanto para dar sombra los pescadores mientras reparaban alguna red como para acoger a cabras, ovejas y carneros. Una vez en pleno puerto pesquero, la actividad era importante y el fuerte olor a pescado casi nos transportó de nuevo a la colonia de pelícanos del Djoudj, todo aderezado por las típicas embarcaciones senegalesas de pesca.

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Hotel de la Poste, Saint-Louis.

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Puerto de Saint-Louis.

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Yassa poulet, plato típico senegalés.

Tras la visita, paramos para comer en un restaurante local, donde una vez más (y las que aún quedaban) degusté el plato estrella del país: el yassa poulet. Este recoge toda la esencia del país: pollo (también hay otras variantes con pescado o ternera), una salsa a base de cebolla ligeramente picante y arroz. Estos dos últimos ingredientes copan gran parte de todos los cultivos del país, junto con el cacahuete. Si visitáis el país, os aconsejo encarecidamente probar este plato, aunque probablemente os lo tropezaréis más pronto que tarde, ya que en muchos sitios es incluso el único plato que se sirve.

Tras reponer fuerzas, continuamos nuestro viaje casi unas cinco horas hacia el sur para hacer noche en Fatick, punto intermedio para el largo día de viaje que nos esperaba la jornada siguiente. Ya cerca de nuestro destino, conocimos a nuestro nuevo conductor, Moussa, que nos acompañaría el resto del viaje. Esto iba a suponer un pequeño desafío más, ya que solamente hablaba francés, idioma que no controlábamos demasiado, pero querer es poder y yo quería mucho. Con las cuatro frases que sé, lo que recordaba de lo que aprendí en el instituto, con alguna frase inventada que casualmente acertaba y tirando del traductor del móvil, llegamos sin inconveniente a todas partes.

La noche la pasamos en el Hotel Malango, a las afueras de Fatick. Dejamos las maletas, cenamos el segundo yassa poulet del día y en un breve paseo por el jardín linterna en mano observamos de cerca un autillo africano que se alimentaba de las polillas e insectos que se acercaban a la luz de los focos.

28 de enero A las 6:30 de la mañana ya estábamos desayunados y con las maletas cargadas de nuevo en el coche. Próximo destino: la isla de Kousmar. Íbamos muy limitados de tiempo, ya que necesitábamos entrar al PN Niokolo Koba antes de las 18:00 y estábamos a unas 6 horas de camino. Esto nos supuso renunciar a tomar la barca que nos llevaba al interior de la isla, lugar que sirve de dormidero de unos 45.000 elanios golondrina, además de otras especies. Nuestro plan fue llegar a la orilla que sirve de embarcadero hacia la isla y, desde allí, observar estas rapaces en su dispersión matinal. Fue un verdadero espectáculo ver las copas de los árboles plagadas de miles de farolillos blancos. A algo más de las 9:00, comenzaron a abandonar el dormidero los elanios golondrina en todas direcciones. Un buen número de ellos nos pasó muy cerca, haciéndonos la boca agua. Además de la especie estrella de la mañana, observamos cernícalos pizarrosos y primillas, aguiluchos cenizos y laguneros, milanos negros, etc.

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Elanio golondrina (Chelictinia riocourii)

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Carraca abisinia (Coracias abyssinicus)

Con los elanios aun en la retina, y un nuevo yassa poulet mediante (esta vez en Tambacounda), llegamos a la entrada del PN Niokolo Koba con algo de margen de tiempo, a pesar de perder algo de tiempo debido a un incendio de cierta extensión que además se había llevado por delante un camión que transportaba mercancía muy inflamable. Nos sorprendió la cantidad de carracas abisinias, que a pesar de ser muy comunes durante todo el viaje, en la zona quemada con aun fuego presente o  el suelo humeante pudimos contar alrededor de 20 ejemplares. Sin duda son oportunistas y aprovechan los incendios para cazar más fácilmente. 

Desde la entrada del Niokolo Koba nos quedaban aun dos horas de carrileo hasta el Campement du Lion acompañados de un guía del parque. O esa era la teoría, ya que no alquilamos 4x4 y las dos horas se convirtieron en tres. El camino estaba poco o nada acondicionado en algunos tramos y requirió de toda la pericia al volante de Moussa, al que agradecimos no pocas veces su buen hacer. Por otra parte, al realizar buena parte del camino ya de noche, nos tropezamos con algunos mamíferos de hábitos nocturnos, como la civeta africana.

La experiencia en el Campement du Lion es 100% recomendable. Sin cobertura móvil, sin abastecimiento de agua (hay bidones de agua tanto para el wc y las duchas comunitarias como para lavarse las manos), con chozas de paja y a tres horas del poblado humano más cercano, es casi un viaje en el tiempo que supone toda una inmersión en la selva africana. No es casualidad que en época de lluvias el parque cierre durante unos meses. Estando allí uno se puede imaginar la densidad de la vegetación y el lodazal de los caminos en ese periodo del año.

29 de enero Nos despertamos y, sin apenas clarear el día, salimos corriendo hacia la orilla del río Gambia. En apenas 25 minutos observamos pluvial, avefría coroniblanca, buitre palmero, alciones, martín pescador gigante africano, alcotán africano, lavandera africana o batis carunculado gorjipardo. Así nos fuimos contentos a desayunar.

Tras el café y la tostada nos esperaba el guía para dar un paseo por la orilla del río. Además de otro buen goteo de especies de aves, vimos nuestros primeros hipopótamos del viaje, que se hacían notar desde bien lejos con sus bramidos.

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Hipopótamos (Hippopotamus amphibius)

Emprendimos el camino de vuelta hacia la entrada del parque, por una ruta distinta que nos permitió detenernos dos veces en zonas húmedas. Por el abrupto camino de salida, gozamos de uno de los highlights del viaje: el cálao terrestre norteño. Tuvimos varios encuentros con esta especie, en pequeños bandos cada vez. Un ave imponente sin duda, por la que ya merecía la pena cada bache que pasamos y cada piedra que esquivamos. Una vez dejamos a nuestro guía en la entrada, tan solo nos separaba media hora de posiblemente el principal destino de todo el viaje: el Campament de Wassadou.

Enseguida nos vinieron a recibir y nos acomodaron en dos cabañas. Sin apenas tiempo para dar el primer paseo, ya habíamos visto las primeras carracas picogordas. La tarde la pasamos distendidamente en el campamento, dando algún paseo y charlando con el personal del campamento, muy amable y que incluso hablaba algo de español, según el caso. Desde aquí mi agradecimiento a todos ellos por hacer tan agradable la estancia.

30 y 31 de enero Los dos siguientes días los pasamos dentro del campamento. 

El campamento cuenta con cabañas (las nuestras eran de dos y tres camas respectivamente), duchas y wc privados en cada una de ellas,  mosquiteras, abastecimiento de agua (no potable) y electricidad en horario restringido por las mañanas y las tardes-noches. También dispone de un restaurante-bar en el que la comida está más que bien.

A nivel ornitológico, simplemente dar paseos por él o quedarse al atardecer en el punto de observación que tiene el campamento en la curva del río Gambia, ya vale cada segundo invertido allí. En los paseos es fácil tropezarse con especies como la vinago waalia, abejaruco gorjirrojo y carmesí norteño, abubilla arbórea verde y negra y un largo etcétera. Pero es que sentarse en el mirador al atardecer es un espectáculo con avemartillo y avesol cruzando el río, los martines y alciones campeando, el turaco violáceo, buitre palmero y gavilán chikra dejándose ver en las copas de los árboles mientras tienes sobre la cabeza una pareja de cuclillos de Klaas y vencejos palmeros y de baobab sobrevolándolos, todo ello acompañado del ensordecedor sonido de los babuinos de Guinea que pueblan toda la orilla opuesta del río.

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Abejaruco gorjirrojo (Merops bulocki)

Pero si hay algo que sin duda destaca en el campament de Wassadou son los paseos en barca. En el tiempo que allí pasamos hicimos dos trayectos en barca por el río Gambia, uno de tarde y uno de mañana. Habrían sido tres de no ser por un fallo de motor que nos privó de visitar la zona del río en la que se establece la colonia de abejarucos carmesí norteños, pero la anécdota y las fotos del momento quedarán con una sonrisa en nuestra memoria.

Yendo al quid de la cuestión, desde la barca las observaciones y fotografías son inmejorables. En ocasiones los alciones y, en particular, el martín pescador malaquita, están tan cerca que casi no se les puede enfocar. Poder observar el martín pescador gigante, el pío, el malaquita, los mencionados alciones, el avesol africano o los alcaravanes senegaleses y coroniblancos de tal manera es un verdadero placer.

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Alción cabeciblanco (Halcyon leucocephala)

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Martín pescador gigante (Megaceryle maxima)

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Martín pescador malaquita (Corythornis cristatus)

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Alción pechiazul (Halcyon malimbica)

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Martín pescador pío (Ceryle rudis)

Pero si hay una estrella en estos paseos, para mí sin duda lo es el pluvial, por razones obvias.

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Pluvial (Pluvianus aegyptius)

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Pluvial (Pluvianus aegyptius)

También tuvimos buenas observaciones de la lavandera africana y, como destacada, la de un bando de cinco aguateros bengalíes.

1 de febrero La primera mañana de febrero la pasamos dando un breve paseo por el campamento para salir lo antes posible en dirección oeste de nuevo, retomando el coche después de unos días sin conducción. A destacar por el camino un alimoche sombrío a pie de carretera que se dejó contemplar sin ningún problema durante varios minutos.

Unos cuantos kilómetros más adelante, hicimos una breve pero prolífica parada en una charca cerca de Kaolack, donde disfrutamos de un precioso macho de viuda del Sahel y de buenos números de estrilda degollada y terrera orejiblanca.

Poco después de comer ya estábamos en Toubakouta, en el Delta del Saloum, para hacer el check-in en el que habría de ser nuestro último alojamiento (Le Margouillat). Allí mismo vendría a buscarnos Abdoulaye, el barquero que nos pasearía durante las siguientes horas por todos los recovecos que tejen los manglares en este singular ecosistema, con dos claros objetivos en mente: el avetigre africana y la garza goliat.

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Paseo en barca por los manglares del Delta del Sine-Saloum.

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Garza goliat (Ardea goliath)

La segunda de ellas no se hizo esperar. Una garza realmente imponente y que en foto no hace tanta justicia a su nombre como sí lo hace en vivo.

Después de dar numerosas vueltas por el manglar, no conseguimos nuestro principal objetivo, por lo que nuestro barquero decidió acercarnos a la orilla arenosa que la bajamar había descubierto para que viéramos las garzas y garcetas allí congregadas, además de águilas pescadoras e incluso monos rojos, que también se han especializado en el marisqueo de cangrejos violinistas. Increíble.

Íbamos ya de vuelta, con el sol puesto y Abdoulaye no se dio por vencido. Quiso hacer una última intentona en la zona que ya habíamos explorado dos veces. Dice el dicho que a la tercera va la vencida y debe ser verdad. Bingo (y bimbo).

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Avetigre africana (Tigriornis leucocephala)

Al desembarcar (ojito con este momento si lo hacéis que entraña cierto riesgo y más si lleváis equipo encima), fuimos al Hotel Keur Saloum a tomarnos una cerveza en su terraza con vistas al Delta para celebrarlo. El momento fue simplemente de satisfacción absoluta, la del "deber" cumplido, en un lugar que era un completo lujo. Para rematar la tarde, hablamos con el que sería nuestro guía a la mañana siguiente: Christophe. Después de un rato de negociación, quedó en ir a buscarnos a nuestro alojamiento a la mañana siguiente para dar un paseo en coche y a pie.

2 de febrero Nuestro último amanecer en suelo senegalés. La mañana la pasamos dando un par de paseos por la zona norte del Delta del Saloum, en los que pudimos observar mochuelo perlado, mi tan ansiado barbudo pechirrojo, indicadores grandes y chicos y varias especies más que resultaron nuevas para el viaje. El viento se fue haciendo notar cada vez más hasta que resultó demasiado limitante incluso para nuestro guía, que portaba una mascarilla para la abundante arena en suspensión.

De vuelta al Hotel, Christophe nos enseñó una de las joyitas que habita en el bosque colindante y con el que ya tuvimos un breve encuentro la noche anterior: el búho ceniciento.

Tras despedirnos y comer en el mismo restaurante en el que cenamos la noche anterior, Chez Boum, salimos en dirección al aeropuerto. Ya casi en las proximidades de este, vimos desde la autovía un bando de gangas morunas, que sin duda fue una bonita manera de despedir la aventura.

3 de febrero Once días y mucho sol, arena y experiencias después, llegamos a Sevilla.

Otros animales

A continuación dejo un breve elenco de otros animales, principalmente mamíferos, observados durante el viaje:

Cocodrilo africano occidental*
Crocodylus suchus*
Hipopótamo
Hippopotamus amphibius
Facóquero
Phacochoerus africanus
Eland gigante
Taurotragus derbianus
Antílope acuático
Kobus ellipsiprymnus
Duiker común
Sylvicapra grimmia
Hiena rayada (Oída)
Hyaena hyaena
Chacal común
Canis aureus
Mangosta rayada
Mungos mungo
Mono verde
Chlorocebus sabaeus
Babuino de Guinea
Papio papio
Mono rojo
Erythrocebus patas
Ardilla terrestre
Xerus erythropus
Ardilla de Gambia Heliosciurus gambianus
Civeta africana Civettictis civetta
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Mono verde (Chlorocebus sabaeus)

Resumen del viaje

En total observé 272 especies, de las cuales 174 fueron bimbos (nuevas para mí). En líneas generales, Senegal representa una buena oportunidad para visitar un país de África subsahariana, con todo lo que ello supone a nivel de especies propias de la zona etiópica e invernantes europeas. Es un país seguro, en el que la gente es excelente y resulta fácil moverse. También ofrece buenas oportunidades fotográficas, especialmente en las mencionadas salidas en barco o en los safaris, ya sea a pie o en coche. Todo ello con un presupuesto bastante ajustado. Es un país que visitaría de nuevo sin dudarlo.

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Eduardo Vilches
17 marzo 2025
Una pasada Pablo 👏👏👏👏👏😍😍😍👌

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